El ahogado mugido de Lola parece retumbar en la fría habitación en que guardo mis más profundos pensamientos. Sólo Lola puede comprender que el abandono en el que la he tenido es el resultado de la obligatoria y siempre necesaria rutina a la que me condenan las aspiraciones propias de mi edad.
¡Oh Lola! no pienses que en mi corazón has muerto. Nunca olvides la promesa de amor que te hice aquella tarde de verano. Mi querida y adorada Lola tu siempre serás aquello limpio y puro que queda de mi después de la batalla que enfrentamos todos día a día con lo que nos hemos prometido ser...
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